
Siguiendo con la temática vacaciones, a veces no vamos a “la naturaleza”, más bien todo lo contrario. Me encanta el turismo urbano y conocer grandes ciudades. Y desde que empecé a prestarle atención a la basura, cada vez que viajo reviso tachos, sisi, y ya tengo un album lleno de tachos diferenciados al rededor del mundo (bue, en algunas partes).
Pero ver tachos de colores tampoco es garantía de nada. Viajeé a New York en diciembre de 2017 y vi muchos tachitos triples por todos lados, pero no creo haber visto una estación que esté bien separada sin nada de mezcla (ah, sí, porque también me pongo a revisar la basura adentro de cada tacho, mi vocación frustrada #GreenPolice).
Claro que eso depende mucho de la concientización de la población y en eso, en casi todo el mundo, lamentablemente, venimos para atrás (pero haciendole frente).
Son pocas las ciudades con una fuerte educación en reciclado desde chicos (en países nórdicos quizás) y lamentablemente lo que sucede es que estas ciudades con una gran cultura de reciclado, son no casualmente en países desarrollados y también tienen un enorme consumo de packagings innecesarios. Una de cal, una de arena. Siempre reducir es más difícil que reciclar.
Como verán en los tachos no hay consistencia de colores ni dentro de la misma ciudad. Azul/celeste puede ser “reciclables mezclados”, o “metal, vidrio, plástico y cartón” o “sólo latas y botellas”. Pero en otras ciudades, como en Tel Aviv (de la que también hice una breve reseña de su sistema de reciclado), el cesto azul es para “sólo papel”…
En síntesis, es un caos total mundial los códigos de color en el reciclado. En parte es hasta comprensible que la gente no entienda a dónde tirar sus reciclables.
New York a pesar de no ser el caso de la ciudad con más conciencia, sí es la meca de tantísimas cosas, además de ser la ciudad de los andamios… y es algo inevitable para cualquiera que viaje o viva allá, ver la montaña de bolsas de basura que se apila en las calles cada mañana hasta que la retiran.

Tenía mucho miedo de viajar a NYC y fue fundamentado. Incluso yendo con mi taza térmica, y rechazando un montón de descartables y packaging, el consumo te traga (en especial que yo entonces todavía no tenía cubiertos reutilizables conmigo).

Esta torta de matcha era tentadora 
Amamos Besfren
NYC tiene sus cosas maravillosas, no lo niego, pero se pueden imaginar que en varios momentos la pasé mal (en especial que hacía mucho frío y tomar algo calentito era necesario para seguir viaje… ¿Pueden adivinar cuál es mi taza?).
También por otro lado también me inspiré con desarrollos positivos en otros aspectos:

- Muchos autos híbridos y eléctricos, edificios con certificación en arquitectura sustentable (eficiencia energética, uso de agua), hamburguesas “imposibles” hechas 100% con plantas…
- y en la visita a la ONU pude sacarme una foto con los Objetivos del Desarrollo Sustentable (especialmente el #12, producción y consumo responsable).

Además se veían algunos tachos marrones especiales para restos de comidas, desde hace unos años aparentemente hay un circuito de recolección de orgánicos para hacer compost municipal y reducir la cantidad de basura que se lleva al relleno sanitario. Aunque este programa todavía está muy inmaduro y recolecta menos del 5% de los restos de comida que se generan, también hay otros programas con puntos de recepción de restos vegetales para hacer compost (pero hay que llevar el tachito hasta el punto, sólo para voluntariosos).
¿Viajaste a NYC y viste las montañas de basura? ¿Conociste alguna ciudad con un muy buen sistema de reciclado? ¿Qué podemos hacer para reducir nuestro impacto cuando viajamos a grandes ciudades?






