Cómo pasé de teñirme a estar orgullosa de mis canas: las razones y mi transición

Después de 11 años de teñirme, decidí dejar de tapar mis canas. Cuento mi experiencia como un disparador para que hablemos de este tema ¿Por qué nos pintamos el pelo cuando nos crece blanco/gris? (podría extender la pregunta a por qué nos pintamos el pelo, pero eso es otro tema).

Las canas “son un problema”

Mis primeras canas empezaron a salir cuando tenía 18/19 años. Mi mamá lo notó y rápidamente buscó una “solución” a ese problema: como eran pocas y esparcidas, optamos (creo que estuve de acuerdo) en hacerme iluminación, “reflejos” o “claritos” para que las canas se disimulen entre otros mechones claros. Iba a la peluquería, usaban la gorra de latex y para mi todo el proceso era literalmente una tortura. Sufría la espera, sufría el proceso. Lo que hacen con ese gorro DUELE. Y mucho.

Otra técnica que usaba de adolescente era aclararme el pelo con un spray de manzanilla (con algún porcentaje de agua oxigenada) aunque eso no lo usaba para tapar las canas, sino porque todos en los 90s’ sabían que “ser rubia es mejor que no ser rubia”. Así que todas teníamos un mechón decolorado como mínimo.

Hay que taparse las canas

Entre los claritos y la manzanilla, por mucho tiempo no me preocupé por tener “raíces”, pero en un momento de rebeldía, alrededor de mis 22 años, no sé bien cómo fue, pero empecé a teñirme toda la cabeza con tinturas de caja.

Elegí “tinturas de caja” porque se me terminó la toleranacia a la tortura de la peluquería, o quizás porque las canas ya empezaban a ser más y los claritos no eran tan efectivos.

Quizás pensaba que la tortura del ritual de la peluquería se iba a terminar cuando empecé a teñirme en casa. Pero no. De estar encerrada en un baño sin ventilación con los vapores del amoníaco hiper fuertes, surge el primero recuerdo de cómo decidí que teñirme no podía ser algo tan recurrente en mi vida. No podía evitar sugestionarme y desconfiar de ese olor. Esto que estaba untando en mi cuero cabelludo y respirando no podía ser bueno para mi.

Estaba lejos de preocuparme demasiado por los residuos en ese momento, y como era algo que hacía muy cada tanto, no parecía demasiado grave. Tampoco tenía datos del impacto de esas sustancias en mi cuerpo, ni los posibles efectos que tendrían al llegar al río después de mi enjuague. Mi señal de alarma para esto fue puramente sensorial. Algo huele mal.

¿Qué estoy poniendo en mi cabeza?

Con el tiempo aprendí que efectivamente, la tintura, entre muchos otros cosméticos que usamos para “vernos más bellas”, traen varias preocupaciones por sus posibles efectos a la salud en el largo plazo, que para la ciencia son muy difícil de estudiar.

Es sabido que teñirnos le hace mal a nuestro pelo, pero como el pelo es tejido muerto y “crece” parece una preocupación menor. La realidad es que la ciencia hoy puede saber que una sustancia no te va a provocar un daño agudo de forma inmediata, pero lo que no sabe es qué efectos tiene en el largo plazo la aplicación de esa sustancia con frecuencia o su interacción con otras sustancias. Curiosamente hay muchas reservas y cuidados con las mujeres embarazadas y la tintura, parece que nos preocupa la salud del bebé ¿pero no de la mujer sin bebé? Con la información que tengo hoy, también este argumento de la salud refuerza mi decisión de no teñirme.

Duré 3 años con las tinturas comerciales con amoníaco, y aunque no iba a teñirme a la peluquería, iba a cortarme el pelo, y a veces había algún comentario sobre mis canas. Cuando manifesté mi aversión por el amoníaco, el peluquero me recomendó la henna, una tintura natural. Me gustó saber que existía esa opción, así que me puse a investigar.

Henna: la alternativa natural

La henna es un polvo directamente derivado de una planta, así que me convenció: Compré henna y me teñí siguiendo las instrucciones de la etiqueta. Pero sentí que no hubo ninguna diferencia, apenas tonalizó las canas y no lograba darle color al resto del pelo. Así que investigué un poco, miré muchos videos de YouTube, y aprendí a aplicarla correctamente. Tiene sus truquitos:

  1. Hay que preparar la mezcla la noche anterior y dejarla reposar. Al menos 8hs.
  2. No usar utencillos de metal para la preparación.
  3. Aplicar y dejar actuar toda la noche (cubriendo con un gorro de plástico y una toalla para no manchar) .

Esos dos “trucos” fueron el secreto de la tintura con henna para que sea super cubritiva y tiña también el pelo no cano. En este post detallan bastante el proceso paso a paso y dicen algunas cosas que yo no hice, así que me atengo a recomendar lo que probé.

Si bien la henna requiere más tiempo y la aplicación es más “engorrosa” porque es una textura alto más pastosa y con un olor particular, le fui tomando la mano con el tiempo y dejé de sufrir tanto el momento de teñirme. Estaba bastante contenta con mi pelo y el color que lograba.

PERO el problema es que la henna natural es que SIEMPRE tonaliza virando al colorado. No sirve para todas. Aunque me gustaba el color rojizo de la henna, la verdad no era mi color natural y ahí sí empecé a tener problemas de raíces.

Dejar de teñirse, lo difícil es no caer…

Para cuando cumplí 30 años, me estaba tiñendo unas 2 o 3 veces al año, dejando pasar mucho tiempo entre tintura y tintura, y sólo me teñía cuando había un evento social, como un casamiento, porque era “muy desprolijo” caer a la fiesta con el pelo de 7 colores y raíces de 6 meses, así que unos días antes (o la noche anterior) aplicaba la henna.

Notarán que los primeros días/semanas, la tonalidad rojiza de la henna es muy intensa. Veo estas fotos y me sorprende qué “colorado” tenía el pelo…

Todavía no estaba intentando dejar de teñirme, y cedía ante la insistencia de comentarios ajenos, principalmente mi mamá, o algún desconocido: “Tenés muy crecidas las raíces”…”¿Esas son canas?”…”Deberías teñirte”. Y bueno. Lo hacía.

Era algo que me pesaba y la verdad, aunque con la henna tenía más o menos resuelto el impacto a la salud y al ambiente, la rutina de “tener que” teñirme, especialmente por los comentarios de la gente, era algo que me empezaba a resultar insostenible. No quería estar esclavizada a una rutina de pintarme el pelo cada 3 meses o menos. No quería dedicar mi tiempo a eso. Pero aparentemente para la sociedad, no era una opción dejarse las canas.

Una cuestión de género y una comunidad

Dejarse las canas “no es una opción”. Para las mujeres. Porque los hombres jóvenes con algunas canas, o muchas, o todo el pelo blanco… son sexys. Ese doble discurso machista también era algo que motivaba mis ganas de romper todo, contradecirlo y dejarme las canas con orgullo aunque moleste. Aunque tenga sólo 30 años. Aunque sea “demasiado jóven para tener canas” (¡¡¡las canas las tengo desde los 19!!!).

En un momento conocí el grupo Gray and Proud en Facebook y me cayó la ficha ¡No estaba sola!. Ahí había una comunidad enorme y muy activa de mujeres que estaban pasando por lo mismo, querían dejar de teñirse las canas. Y eran mujeres de todas las edades, también muchas mujeres jóvenes, como yo.

Así se ve el grupo hoy con casi 1.500 personas

Como no había nada similar en español (que pueda encontrar en ese momento con la lupa) en enero de 2017 creé el grupo Orgullosa de mis canas, para crear comunidad y acompañarnos entre mujeres que estamos avanzando en la transición. Y decidí que no iba a volver a teñirme para taparme las raíces.

Para Noviembre ya llevaba varios meses de mi última tintura (abril) y tenía más de 8 tonos en la cabeza: varios rubios, varios colorados, varios castaños, canas… y además me había teñido unos mechones de fuccia y violeta, así que había de todo, y casi la mitad de mi pelo estaba al natural y canoso, y la otra mitad teñido de varios y diferentes tonos rubios y cobrizos de la henna (porque con la henna es muy difícil que quede siempre el mismo color exacto, o al menos yo no lo supe manejar). A esa altura incluso yo sentía que necesitaba emprolijarlo, y para no caer en la tintura completa, empecé a estudiar cuál iba a ser la estrategia para mi transición.

Mi transición estratégica

Dediqué mucho tiempo a evaluar varias estrategias y aprender mucho sobre diferentes técnicas de teñido artesanal (menos raparme, estudié un poco todas, incluso averigué para teñirme todo el pelo de blanco). Unificar todo iba a ser muy difícil, asíque decidí finalmente que mi objetivo era suavizar la transición entre mi pelo coloreado y mi pelo natural/canoso. Terminé armando una estrategia personal, quizás un poco compleja, y que implicaba hacer algo que nunca había hecho antes: ir con un colorista profesional y teñirme con tinturas de peluquería. No quería teñirme más, pero esta iba a ser la última vez para poder transicionar sin más dificultades. Y aunque tuve mucho miedo en su momento ¡hoy puedo decir que salió muy bien!

La estrategia fue así (espero que se entienda, explicarle al colorista fue difícil):

  1. Dejé unos 5/10cm de raíces intactos. No se tocaban para nada.
  2. Teñí toda la cabeza con el tono más oscuro de mi pelo natural, un castaño medio. Acá está el paso clave: el encuentro entre mi pelo canoso y mi pelo teñido, tenía que estar esfumado para que parezca natural.
  3. Sobre este color oscuro, hicimos un balayage rubio. Esto sirvió para aclarar un poco el color general y disimular las canas, además porque mi pelo siempre tiré al rubio/dorado/cobrizo, y no quería un cambio tan radical a castaño oscuro.

    El balayage es una técnica de coloración de mechones “estratégicos” para crear un efecto de “claritos” de apariencia natural. Es un poco lo que hacía la gorra, pero más artesanal y “artístico”, acá es clave la mano del colorista. El balayage implicó decolorar y teñir algunos mechones con un rubio claro.

Buscar un buen colorista fue clave, necesitaba alguien que entienda: 1) cuál es el tono de mi pelo natural para la base 2) cómo hacer el esfumado para que no se vea una línea marcada 3) hacer un buen trabajo manual del balayage. Por eso dediqué mucho tiempo a buscar un buen colorista que me entienda ¡yo me quería dejar las canas, no taparlas! (muchos coloristas que contacté no podían entender eso). Necesitaba uno que me de confianza, que me trate bien y sea accesible a mi bolsillo (¡nunca supe qué caros que eran los coloristas!)

Una vez que logré este nuevo color “parejo” que integraba mis canas de forma armónica, pude dejarlas crecer y crecer sin que haya una línea dura, un choque visual tan grosero como antes. Si bien se notaba una diferencia entre la parte teñida y la natural, la transición era suave y con el tiempo casi se notaba muy poco.

Cuando ya había crecido bastante el color natural, me corte bastante cortito

Sobre todo, la clave es buscar apoyo

Creo que más allá de mi determinación, mi búsqueda y encontrar un buen colorista, fue clave el apoyo que recibí de mi círculo, mi familia y mi pareja en ese momento, cosa que agradezco un montón. Supongo que escucharme hablar y hablar incansablemente del tema durante un periodo, tuvo mucho que ver. Incluso mis papás, que no estaban de acuerdo con que me deje las canas, porque decían y dicen que “me hace ver más vieja”, entendieron que era lo que quería, que era importante para mi y me apoyaron a su manera.

Esta es mi experiencia con mis canas desde los 19 años hasta hoy. Habiendo atravesado casi 3 años de ese momento, y ya sin ningún centrimetro de pelo con tintura, puedo decir que estoy muy satisfecha de mi estrategia. Lo cuento porque me sirvió mucho en su momento leer experiencias, diferentes estrategias y espero que a alguien le sirva.

¿Estás pensando en dejarte las canas? ¡¿Ya lo hiciste?! Comentá tu experiencia o tus dudas y no te olvides que podes ser parte de la comunidad #OrgullosaDeMisCanas

5 Replies to “Cómo pasé de teñirme a estar orgullosa de mis canas: las razones y mi transición

  1. Hola, que bueno encontrar esa actitud en gente joven ,hace más de 7 meses que me estoy dejando mis canas , ha sido difícil pero lo estoy superando.

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